A los treinta años de Políticos Muertos

“La única manera de ganarle al sistema es con cultura, con educación, haciendo arte con tu plata” Malla

Dos primos y un amigo. Adolescentes en una tocata. La banda: Políticos Muertos. Así empieza la historia del recién publicado Rock Paria y lo que en él se dice.

Letras duras y directas, sin hermosear ni decorar, pues lo que se ve y lo que se vive no es hermoso. Lo que se canta es lo real, con sentido y con sentir, desde el estómago y con la cabeza. Una banda de cuatro personas, dos de ellas hermanos. Así se explica la formación en palabras de su vocalista: “César “Huevo” Olea, y su hermano menor, Cristián “Kano” Olea; más Rodrigo Barrientos, Marcelo Sepúlveda y David González. Desde la salida de César Olea, la guitarra de la banda ha tenido varios nombres, hasta que David González participa en los años de mayor creación, luego de su salida y el paso de Nicolás Cortés, ha sido Andrés “Tatán” Mihovilovich, quien la ha llevado por mayor tiempo. La batería también ha sido ejecutada por varios amigos luego del alejamiento de Marcelo Sepúlveda y hoy, recomendado por él mismo, la batería la lleva su sobrino Francisco Zamora. Imposible no mencionar la partida de nuestro hermano David González, quien hace algún tiempo se había reintegrado a la banda”.

Rock Paria y lo que en él se dice es un proyecto entre amigos, amigos de la vida, de la música, del carrete y de pensamiento. Una parte empieza con un grupo de compañeros del barrio Gran Avenida que querían hacer música y así lo hicieron, formando Políticos Muertos en los 80’s. Primero de forma bastante artesanal, con una radio cassette que registraba sus temas, pasando a grabaciones más profesionales y diversas tocatas, siempre conservando el toque under.

Entre el público asiduo a estas tocatas en Serrano, San Francisco, Bellavista, Matucana, entre otros lugares, unos más antros que otros, se halla la otra parte de este proyecto. En los 90’s adolescentes, actualmente adultos, cambiados, con profesiones y trabajos formales; pero con el gusto amargo de la insatisfacción que se conserva desde la juventud. Ellos han cambiado, pero la sociedad es la misma: otros nombres en el poder; los mismos errores de siempre.

“No estamos cantando letras viejas, sino hueás que nunca van a cambiar en este país de mierda”, Malla

La propuesta

Fue simple, solo bastó con contactar al vocalista de la banda, Francisco Mallea, el “Malla”, para pedirle una reunión y plantear la idea. Algo que rescatar de las redes sociales es que contribuyeron bastante en simplificar el contacto. El Malla accedió con mucha facilidad, las caras de estos adultos fanáticos de la banda que le pedían una reunión no le resultaban desconocidas, siempre estaban ahí formando parte del público.

La propuesta era sencilla: publicar un libro con la historia y letras de la banda escritas por su vocalista además de imágenes de afiches, fotos y todo tipo de material sobre la banda que se pudiera reunir. El trabajo de edición y creación del libro lo haría este grupo de amigos y lo publicarían a través de la editorial creada por ellos mismos unos meses antes, “Santiago-Ander Editorial”. El Malla debía contribuir con su creación.

La respuesta fue un inmediato “sí” junto con un anexo inesperado, “el día del lanzamiento toca Políticos Muertos, yo me comprometo que así sea”. Y la reacción era de esperarse, un silencio acompañado de tremendas sonrisas hasta que surgió el primer “la raja”.

 

El proceso

El Malla abre las puertas de casa. Es un tipo amable, cercano, dispuesto a hablar de la banda, de las letras, de lo que las motiva, incluso de su vida, pero no mucho de su trabajo. Es lo de menos, están ahí por la música, por su arte y por lo que él transmite. En torno a unas cervezas y rock de fondo van saliendo anécdotas, material inédito, manuscritos de aquellas canciones de las primeras tocatas en cuadernos viejos, con las hojas amarillas y los espirales deformes por paso del tiempo. Dibujos hechos  por el Malla -con lápiz, tinta china o témpera- para ilustrar los temas, collages, cómics, afiches antiguos que se rasgan con solo tomarlos, y la cara de emoción y ojos brillantes de quienes van reconstruyendo su adolescencia a medida que emergen esas joyas del baúl de los recuerdos, que el anfitrión no duda en compartir con sus invitados.

En esta dinámica transcurrieron alrededor de seis meses, de reuniones con rock y cerveza, conversación amena y cada vez más cercana, no solo por las cervezas, sino porque incluso llegaron a compartir parte de sus vidas trascendiendo el trabajo.

Las letras de canciones no paraban de llegar al correo electrónico de la editorial junto con material gráfico. El Malla no paraba de escribir nuevas canciones y de dibujar. Difícil fue la labor de discriminar entre lo que debía quedar y lo que no saldría en el libro. Pero se consiguió. Desde las letras hasta las imágenes –interiores, de la portada y de las solapas- fueron hechas por él. El resultado: un arte increíble.

 

 

El lanzamiento

El Sótano fue el lugar elegido. Ubicado en el centro de Santiago, un lugar clandestino donde cada fin se semana se hacen tocatas de bandas de rock emergentes, se vende cerveza y se comparte entre amigos.

Los invitados eran principalmente amigos, conocidos y familiares de los integrantes de la banda, y público que se inscribió con la editorial a través de las redes sociales. La cita era a las 20 horas. A esa hora ya estaba todo dispuesto, el escenario listo para las bandas invitadas y para Políticos Muertos que tocaría como sorpresa para los invitados, pues siempre se mantuvo en secreto. La música en vivo sería en el subterráneo del lugar (para no molestar a los vecinos ni alertar a seguridad ciudadana). Al lado de la escalera, el bar donde ya estaban desde temprano helándose las cervezas y a la izquierda de este la sala donde se haría la presentación del libro.

A la hora exacta llegan los primeros invitados, están en un lugar habitual, y así comienza el carrete. La presentación del libro fue contar parte del proceso y las anécdotas que rodearon su creación. El libro fue bien recibido, pues las expectativas eran grandes y se cumplieron. La banda tocó, sorprendiendo a gran parte de los asistentes, pues ellos tocan solo una vez al año, lo que contribuyó a aumentar la buena recepción y a aprovechar al máximo la juerga.

La meta se cumplió, las expectativas se superación y a satisfacción de haber concretado un sueño no se olvidará con facilidad.

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