Pasajeros: una ficción sin mucha ciencia

En Passengers (2016) nos encontramos con Avalon, una nave espacial en la que 5.000 personas se dirigen a un nuevo planeta habitable. Todo va según lo planeado hasta que, debido a una falla desconocida, uno de los pasajeros se despierta del sueño inducido en que se encontraba. Con solo 30 años trascurridos de los 120 que estaban programados Jim, nuestro protagonista, se enfrenta al dilema de pasar toda su vida en soledad, ya que para cuando los demás recobren la consciencia será demasiado tarde para él. Esto lo lleva a tomar la decisión de despertar a alguien más, y cómo no, se decide por la pasajera que le parece más atractiva: Aurora.

Se trata de una película que reúne muchos elementos que nos llevan a pensar que será un éxito absoluto: tiene una gran producción y a dos actores que se encuentran en su mejor momento. Chris Pratt y Jennifer Lawrence están dentro de los mejores pagados y más codiciados de Hollywood, es por esto que ambos decidieron que este sería su primer proyecto como co-protagonistas.

Así, se nos promete una historia de soledad y sobrevivencia, protagonizada por estas dos personas cuya fama debiese asegurarle popularidad a la cinta sin importar de lo que trate. Sin embargo, todas las promesas de la trama quedan frustradas por la falta de densidad del guión, que simplifica la película a un conjunto de clichés que están muy alejados de lo que la ciencia ficción propone como género. La idea se sostiene, pero es al momento de desarrollarla donde nos vamos alejando de la premisa y de la propuesta entregada a través de los trailers.

La ciencia ficción tiene como base un hecho que genera una modificación significativa en el rumbo de la historia. Este cambio debe estar dentro de lo considerado verosímil, es decir, que tenga el sustento necesario para que nosotros como espectadores creamos que puede pasar realmente. Es por esto que es importante que exista una explicación racional para lo que estamos viendo.

En el caso de Passengers, el escenario es el espacio, algo bastante común en este género. No solo vemos el interior de una nave especial enorme llena de maravillas de la tecnología, sino que también nos hacen parte de la experiencia de estar en el espacio abierto. Ahora, lo importante es cómo el argumento se desarrolla dentro de este lugar, es decir, si se justifica su uso. Lo que nos lleva a la pregunta más importante: ¿Por qué están ahí?

Se dice que la Tierra se encuentra sobrepoblada y se está intentando expandir los horizontes de la raza humana a planetas similares. El viaje debe ser pagado de forma particular, por lo que es un lujo al que no todos pueden acceder. No hay mayores problemáticas o al menos no se nombran; es el simple capricho de los hombres por ganar más territorios y el poder que el dinero tiene al tratarse de la exploración espacial. Avalon es enorme y tiene muchos lujos debido a que, los que van a bordo, despertarán cuatro meses antes de la llegada al planeta y ahí se les enseñara cómo colonizar el nuevo mundo. Esta idea se siente muy forzada, ya que todos estos lujos no son necesarios y los pasajeros podrían aprender estas cosas al momento de la llegada.

Luego viene la falla de la nave que hace que los personajes salgan del sueño inducido al que deben someterse para enfrentar un viaje de tan larga duración. Jim es el primero en ser víctima del error: despierta a la soledad de una nave llena de lujos pero sin respuestas, al preguntar a las máquinas sobre el error ellas solo dicen que es imposible. No hay ayuda, no hay razones. La tripulación también duerme en sus cabinas, sin haber ningún mecanismo de emergencia que activar. Tras de un año en soledad decide que es momento de despertar a alguien. Después de analizarlo por mucho tiempo decide despertar a Aurora, una escritora que llama su atención, pero no por las posibles habilidades que le puedan ayudar a solucionar su problema, sino simplemente por su apariencia física y talento con las palabras.

Toda la profundidad queda simplificada al capricho del hombre, que no quiere estar solo y es capaz de terminar con la vida de una mujer solo para satisfacer sus necesidades. No se pueden dejar de lado los problemas morales relacionados a la forma en que ella despierta, ya que finalmente es la decisión de Jim la lleva a renunciar a sus sueños por una vida en el espacio al lado de quien decidió su destino. Respecto a este tema, se ha hablado de síndrome de Estocolmo e incluso de femicidio dentro de comentarios de espectadores que se pueden encontrar en distintas redes sociales. Su inclusión no cambia en nada la situación en la que se encuentran, no hay más justificaciones que el amor que él dice sentir, que su egoísmo.

La nave y las premisas de la ciencia ficción quedan relegadas a ser solo un escenario, el lugar donde el guionista y el director decidieron que la historia de amor entre ambos se concretara. Podría estar ambientada en el campo, sobre una montaña, en la edad media, en una isla desierta, el Titanic, etc. y seguiría siendo una historia de amor con las mismas características. Quizás como película romántica no sea demasiado mala, pero en el ámbito de la ciencia ficción queda, definitivamente, corta. Solo resta preguntarnos si esta forma de usar el género se justifica, ya que ha sido tan desbaratado de sus cuestiones esenciales que no es más que un cascarón vacío al que se le ha quitado todo sentido.

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