Síntoma

El Festival del Huaso de Olmué de este 2017 incorporó en su parrilla programática a los comediantes Pedro Ruminot y Alison Mandel. La pareja casada desde el 2015 hizo dos rutinas separadas que se conectaron  a través de chistes entrelazados.

Hay quienes dicen que el humor no debe ser tomado demasiado en serio, pero es un síntoma del estado de nuestra sociedad. Hay un tipo de humor que se encarga de criticar y cuestionar el discurso dominante, que en muchos sentidos es una denuncia; y existe otro tipo, aquel que repite los mismos cánones de tal discurso, que es un mero recambio de las figuras anteriores y no innova. Cada uno tiene su público, según preferencias.

Hay algo que sucede con el humor, que me remonta a Lemebel y las yeguas del Apocalipsis. El humor tiene la capacidad de desarmar a las palabras de violencia, de reafirmar un discurso y descargar de sentido otro, de esta forma Lemebel reconoce que toma la palabra Yegua”, utilizada peyorativamente en los 60’s hacia las mujeres, y crea “Las Yeguas de la Apocalipsis” como una forma irónica de metamorfosear los prejuicios contra el sida.

De la misma forma cabe preguntarnos qué sucede cuando nos reímos de distintas generalizaciones; por ejemplo, “todos los hombres son cochinos” y “todas las mujeres son unas celópatas”. Cuando se dice que un hombre preocupado por las calorías es un hombre “no apto para el sexo” y “debe devolverse al auto a buscar su pene” en la rutina de Ruminot, le sugiere a sus camaradas que “aún con los pantalones abajo” nieguen todo.

Me pregunto por qué tanta insistencia en referirse al sexo, como si la genitalidad propia fuese a condicionar en algo mi forma de pensar y relacionarme con el mundo. Otro ejemplo se da en el sketch de Mandel, con el lesbianismo y su fetiche: “todos los hombres quieren hacer un trío porque, dah! son hombres” y un ejemplo de vida ideal es ser “la esposa de un futbolista, para no trabajarle un día más a nadie”.

Todo esto lleva a preguntarme qué pasa si este descargo de violencia, el llanto de las mujeres haciéndolo un chiste, como cuando Mandel señala que “las mujeres usan el llanto para manipular” y qué resultados puede tener en otro contexto en la mente de otra pareja, cuando a las palabras se les impone un significado violento y los estereotipos pasan a ser normas.

Durante los años 40’s las caricaturas racistas de Estudios Universal, como lo fue “Scrub me mama with a boogie beat”, provocaron muchas risas y fueron populares mundialmente, pero no por eso dejaban de ser una forma de ridiculizar al otro y generalizarlo. Eran un síntoma del racismo norteamericano que dejó de dar risa, que se volvió incómodo. Esas risas fueron apagándose paulatinamente a medida que se eliminaron esos prejuicios y se hizo consciencia del racismo. De la misma forma este tipo de espectáculos se apoyan de los prejuicios del público para obtener simpatía. Ni innovan, ni critican sino reafirman el discurso dominante ya pasado. A mí no me dan risa.

 

 

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