Moda y Pueblo: La reivindicación del fanzine

Impresas en Word, páginas cortadas con tijeras, pegadas con pegamento, ilustrado con imágenes robadas de Internet. Todo hecho de forma artesanal, vendido a bajo precio, difundido de mano en mano. Así han sobrevivido por diez años los textos de Moda y Pueblo, taller y editorial independiente de Diego Ramírez, periodista y escritor. Pese a que no está registrada en el ISBN y no cuenta con derechos de autor, parece moverse de manera cómoda en su precario mundo. Desde esa esfera, la editorial observa con agudeza la escena literaria chilena y construye su discurso disidente.

En los talleres es lectura obligada las obras de Pedro Lemebel, Malú Urriola, Diamela Eltit, Clarise Lispector, Margot Glantz, así como también clásicos como Gabriela Mistral y Julio Cortázar. Carniceras y Habla por ti perrita son libros-fanzine construidos de manera colectiva que profundizan en las rarezas, en la marginalidad del ser mujer, o gay, o pobre. En los desbordes, dice Ramírez, quien asume la literatura desde la vereda del fracaso.

Todo eso sucede en el centro cultural independiente Carnicería Punk, ubicado en unos block sociales en el centro de Santiago. Ahí, con la escritura y las lecturas de poesía, se exacerba la rareza, se opaca la normalidad. En esa pequeña pieza hecha de baldosas blancas y tapizada en imágenes, se construye una alteridad que resignifica el espacio cultural cooptado por las instituciones dominantes.

-¿Qué impresión te dejaron las ferias de libros del año pasado?

-Otras veces yo trabajaba ahí y no me daba cuenta, pero ahora como público caché que realmente no va nadie. Los mismos escritores saben que no tiene ninguna importancia a nivel cultural. Hay chefs lanzando libros de comida, la animadora de tele lanzando su biografía. Hay un rollo con eso.

-Un rollo con la espectacularidad.

-Claro. De hecho, yo creo que la gente que va no lee. No es gente que venga de la literatura; ni el público ni quienes lanzan libros ahí. Antes era importante lanzar un libro en la Feria del libro, creo que hoy no pasa nada con eso.

-Pero la Furia del Libro pretende lo contrario. ¿Se logra?

-Ahí creo que se reúne más calidad. Hay literatura, narrativa, poesía. Este año postulé y me pedían cosas muy formales ahora. Siento que la Furia está transitando en ese límite entre el margen y la institución. Les pasa a las editoriales independientes, que cada vez se parecen más a los libros de Planeta, Alfaguara, valen igual de caro que un libro de ellos entonces no sé qué tan independientes son.

-¿Te parece pretencioso el mundo literario chileno?

-Sí, aunque hay excepciones. Pero todos buscan ganar algo en la vida, no asumen la derrota de que escribir ya es un fracaso. Es súper raro, creo que la mayoría de la gente escribe porque ha vivido un fracaso en su vida y tratan de reivindicar el bullying de la vida escribiendo un libro.

-¿Qué hay que asumir?

-Que no es mucho, que es un tránsito hacia el fracaso, la tristeza y sí, pasan cosas bacanes, que gente te lea. Pero la verdad es que nadie lee, que esto no se financia y eso la gente no lo asume. A mí me da lata ese reclamo. Un libro no te va a cambiar la vida. La gente tiene una ficción rara con eso.

-Los libros de ustedes son hechos en base a papel y corchete. ¿Qué intención hay tras ese gesto?

-Lo de la fotocopia tiene que ver con la estética del fanzine, más quiltra, sucia, de pasar de mano en mano, aunque también tiene que ver con romper ese canon de lo masculino, de decir mira, igual puedo hacer un libro en fotocopia y mal diseñado. No está esa cosa pulcra que hay en otros lados, como en la Furia, que hay fanzines muy bonitos pero no tienen texto. Nos gusta ese desorden. Yo les digo a los chiquillos que a lo mejor el libro nos queda feo pero es porque no somos artistas visuales, somos poetas. Lo que importa son los textos y tiene que validarse por su contenido. Moda y Pueblo pretende ensuciar ese espacio patriarcal de cómo se entiende la escritura y un libro.

-Sus textos son como una especie de grito que encuentra un espacio para expresarse, así como Lemebel.

-Gracias a la escritura de Pedro hay niñitos con alitas rotas que pueden escribir, volar, militar. A ese tipo de referentes hay que homenajearlos porque si no seríamos como todo esos gays heteronormados, súper masculinos que quieren parecer hombres, que se quieren casar, adoptar hijos, pasear al perro, que es la lógica de Simonetti y de Fuguet. Tenemos complicidad con la figura de Pedro, de ese lugar no limpio, no higiénico, no ordenado. Porque si no ¿dónde quedarían esos otros lugares?

-¿Sientes que hay una misión de rescatar la periferia, todo aquello que está en los límites?

-Cada vez se está poniendo un poco más de moda y como toda moda es peligrosa. El neoliberalismo es tan peligroso porque uno no lo controla; se te mete en tu cuerpo, en tu vida, en tu deseo, hasta en tus microproyectos. Esto me ha costado un montón, soy como una madre soltera con este proyecto y no puedo transar cosas pequeñas. Quiero cuidar el espacio.

-¿No te importa que pase el tiempo y quedar como una editorial testimonial?

-De todas formas me parece bonito que quede como un recuerdo, un testimonio. No es tanto el miedo porque, como decía antes, yo asumo ese fracaso. Suena terrible, pero me ayuda caleta; si piensas que nada te va a salir bien no te haces ilusiones entonces todo lo que te llega es un regalo.

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