El rol femenino en el mundo del cómic: Una corta historia de buenas intenciones

Doblo la esquina de Mac Iver mirando de reojo la pantalla del celular. Mi sentido de la orientación, siempre dispuesto a hacerme caminar varias cuadras en dirección contraria, insiste en desafiar la autoridad omnipresente de Google Maps y me empuja hacia la vereda de en frente. A mi izquierda, los números pares de metal clavados en las paredes de cemento terminan por convencerme de que el círculo celeste que se mueve por el mapa tiene una mejor idea de hacia dónde me dirijo. Me resigno a obedecer.

El 714 de Huérfanos, en pleno centro de Santiago, me recibe con galerías polvorientas que exhiben artículos de categoría histórica como radios a pila y otros aparatos con antenas. El suelo de loza reemplaza al concreto de la calle mientras busco el local número ocho, el que resulta ser una angosta puerta de vidrio marcada con un cartel de letras amarillas y rojas. Shazam Comics lleva un par de años compitiendo con la legendaria Comiquería del Portal Lyon, en Providencia, apostando por ediciones más baratas.

A primera vista el lugar parece estar algo corto de personal, así que me abro paso por las estanterías y estudio los cientos de títulos que se apilan en ordenadas secciones: DC Comics, Marvel y Dark Horse son las primeras que destacan entre las filas de editoriales japonesas. El manga, versión nipona e igualmente prolífica que la industria norteamericana, es también una compra popular. Hoy, sin embargo, voy en búsqueda de uno de los pocos números del bativerso protagonizados completamente por superheroínas.

Birds of Prey es una especie de esfuerzo —muy— consciente por incluir más personajes femeninos en un territorio predominantemente masculino. El objetivo, según explicaron los altos mandos de DC Entertainment al momento de su publicación, era precisamente generar historias que atrajeran a más lectoras. Porque claro, una novela protagonizada por hombres jamás sería de interés para una mujer. Pocos años antes de que Oracle, Huntress, Black Canary y Lady Blackhawk se hicieran cargo de la considerable cantidad de problemas que Batman había estimado poco dignos de su intervención, la editorial ya nos había ofrecido Gotham City Sirens. La apuesta narraba los desquiciados intentos de Harley Quinn por liberar al Joker del Asilo Arkham. Claro que, lejos del maniquí perfectamente perturbado de Margot Robbie, se trató de una villana con habilidades más que suficientes para complicar a cualquier superhéroe alfa. El arco, desarrollado por Peter Calloway, entrega personajes complejos, multidimensionales y atrayentes que captan sin problemas la atención del lector.

Fotografía de wallpaperup.com

Por su parte, Birds of Prey es la versión justiciera aunque no menos oscura de la obra liderada por las villanas de Ciudad Gótica y un ejemplar que no puedo dejar de tener. Sigo buscando el título con determinación, entre interminables volúmenes protagonizados por Iron Man, Green Lantern, Green Arrow, Flash, Spiderman, Hulk, Thor, Batman, Nightwing, Aquaman, Wolverine, Capitán América, Capitán Marvel, Doctor Strange, que acaba de integrarse al universo cinematográfico de Marvel, y muchos, muchos otros.

Mientras continúo mi búsqueda, finalmente aparece un vendedor que se instala detrás de una caja registradora. Emerge de una puerta lateral, presumiblemente un baño y puedo sentir una mirada inquisitiva incluso antes de darme la vuelta. Tras el breve saludo que dicta el paradigma de la interacción social fijo nuevamente mi atención en las hileras de revistas y tomos recopilatorios. Quizás no soy su tipo de cliente habitual, pero una pensaría que dichas suposiciones son menos certeras por estos días de renovado feminismo. No es como si no existieran mujeres dispuestas a gastar bastante dinero en colecciones completas de historietas, incluso si éstas se niegan a hacernos parte de su argumento central.

No es extraña la falta de mujeres poderosas en las estanterías del mundo de la viñeta. La presencia femenina al interior de este género ha estado permanentemente marcada por una carencia de personajes bien articulados y que cuenten con pretensiones más allá de lo romántico. Abrir cualquiera de los cómics antes mencionados es encontrarse con un desfile de roles secundarios bastante similares entre sí, donde la curiosidad de Louis Lane la lleva a involucrarse con un misterioso alienígena de buenas intenciones y el interés amoroso de Gwen Stacy en cierto joven con poderes arácnidos resulta en su muerte.

A menudo, estos personajes no son más que un suplemento que puede ser reemplazado con facilidad, pues su rol no incide directamente en la trama. Muchas veces es incluso más interesante para los escritores eliminarlas de la forma más trágica posible, de manera que se genere un quiebre que empuje al superhéroe a abocarse de manera aún más intensa a su misión.

La Edad Dorada del Cómic, un auge del formato que se desarrolló entre los años 30’s y finales de los 40’s, fue la encargada de instalar este molde clásico donde las personalidades femeninas son elementos vagamente decorativos, aunque sería injusto adjudicarle completa responsabilidad. Desde entonces, poco se ha hecho por expandir el desarrollo de mujeres protagonistas, ya sea con o sin superpoderes. Entre las excepciones, la Mujer Maravilla será siempre una presencia simbólica en la lucha por la representatividad. Sin embargo, pese a que hoy se encuentra instalada como una guerrera competente y confiable, lo cierto es que la participación de Diana Prince en la Sociedad de la Justicia de América —precursora de la Liga—comenzó en el puesto de secretaria.

Esta especie de entrada “por la puerta trasera” abunda en la industria de la historieta. Incluso personajes que han logrado reinventarse y adquirir categoría propia comenzaron como simple interés romántico o antagonista, como Talia Al-Ghul, Catwoman, Harley Quinn y Black Canary, o fueron incluidas en base a su relación familiar con otro personaje —siempre— masculino, como Batgirl y Supergirl. Los nombres que se adjudican también dejan ver cierto grado de infravaloración por parte de sus pares, siendo la palabra girl, es decir “niña”, un término constantemente usado por los guionistas a la hora de crear superheroínas. Si bien personajes como Jean Grey, cuya identidad secreta era originalmente Marvel Girl, lograron deshacerse de su apodo infantil y transformarse en protagonistas todavía hace falta un esfuerzo de parte de las editoriales para alcanzar una representación más acorde a los tiempos.

Transcurridos unos minutos de prolija examinación comienzo a pensar seriamente que tendré que ahorrar para comprarme el recopilatorio que exhibe La Comiquería en su vitrina, porque al parecer es imposible encontrar los números por separado. El vendedor, que hasta este momento me había ignorado casi por completo, ahora se acerca dejando salir un pequeño suspiro que me hace detestarlo casi automáticamente.

—¿Qué estás buscando amiga, te puedo ayudar?

—Sí, busco Birds of Prey, pero no el tomo, el número de Platinum Flatts, creo que es el ciento y algo.

El vendedor parpadea varias veces seguidas, mientras una mano con uñas mordisqueadas acomoda sus lentes de marco grueso. La barba de varios días combina con sus pantalones y polera negra. Sólo el estampado de letras rojas que forman la oración “A Death in the Family” intervienen su vestimenta en escala de grises. Me distrae el título del cómic donde Jason Todd, el segundo Robin, muere asesinado por el Joker. Es uno de mis arcos favoritos del bativerso y no pongo atención cuando mi interlocutor contesta mi pregunta. Con bastante incomodidad, le pido que la repita y veo que me sonríe con cierta condescendencia.

—Te decía que todo lo de Nuevos 52 nos llega el otro mes, porque esta sucursal recién la abrimos.

—Ah, ok.

Contesto con pocas ganas de discutirle que el ejemplar que busco no pertenece a los Nuevos 52, una especie de reset hecho por DC Comics en 2011 y que poco hizo por reivindicar la presencia femenina en sus ediciones. Me voy resignando a modificar mi ruta hacia Providencia y gastar casi treinta mil pesos en una versión empastada de un cómic que ya leí por internet. Por un momento casi olvido pagar por un par de cómics que encontré escondidos entre ediciones más modernas. Estaban en oferta, pienso para convencerme. Camino detrás del vendedor hacia la caja.

— ¿Son para regalo?

 

1 Comment

  1. Buenísimo!! Me gusta mucho tu forma de escribir, y por sobre todo me gustó el final ¿Son para regalo?…………dejando claro con esa pregunta que los comics es un mundo machista.

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