Rockódromo 2017: ¿el mito de la música popular, o la misma fuerza de antes?

Desde hace trece años ya que en pleno verano se celebra el -para muchos- mítico Rockódromo. La instancia, creada desde sus inicios por las Escuelas de Rock del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, ha sido pieza clave en descentralizar los eventos musicales importantes y masivos a nivel nacional, dando a conocer además nuevas propuestas al reunirlas en el mismo escenario con artistas de antaño, de esos que nadie se pierde. Y por supuesto, siempre hay grandes descubrimientos.

Fotografía: Escuelas de Rock.

El fin de promover la música nacional bajo el alero de las Escuelas de Rock es parte del centro de este evento, que no sólo culmina con una última y masiva presentación, la más popular del Rockódromo. Se generó además una estrategia que aporta a la identidad de Valparaíso, mientras se potencia también la música nacional. Se trata de una semana entera, una seguidilla de eventos que convocan a distintos públicos en torno a la música. Una llama, una manera de mantener ese fuego vivo, ese fuego en torno a la magia y a la cultura que representa la ciudad porteña. ¿Pero es sólo un mito, o realmente funciona? ¿Es Valparaíso como ciudad cultural y hogar de este tipo de instancias algo espontáneo y con magia propia, o una mera casualidad que ha aferrado a éste relato?

Con el paso de los años han habido cambios. Y el recambio generacional, así como la nueva ola de música chilena que difiere en estilo y propuesta durante los últimos años, también ha regalado un nuevo público (algunos ejemplos son Dënver, Prehistóricos, Alex Andwanter, y el presente (Me llamo) Sebastián, en lo que es la escena más pop). Por otra parte, se ha cuestionado entre susurros de parte de los espectadores y desde el círculo relacionado con la cultura de la Quinta Región, la potencia del evento y su importancia.

Esto dio un giro al terminar la última versión. Si bien cada año no deja de ser una reunión exitosa en torno a la música, faltaba aquella fuerza, aquella identidad y garra. Hay que tener en cuenta que no sólo audiencias, gestores y músicos han cambiado en estos trece años. También las locaciones y dinámicas en torno al Rockódromo se han ido modificando y adaptando a los tiempos, por diversos factores. El 2017 se intentó potenciar esto bajo el nombre de la cantautora más importante del país: Violeta Parra.

La conmemoración de los 100 años del natalicio de un icono de la música en Chile fue la fuerza que movió -la estrategia, al fin y al cabo- el evento musical este año. Y volvió la noche de cierre a uno de los escenarios más extrañados por el público: la Plaza Sotomayor, con Congreso y Los Jaivas de invitados centrales para conmemorar esa noche especial.

La inaugural Noche de los Balcones también giró en torno a la temática de Parra. Así como siempre, entre charlas y presentaciones, se dio un espacio para discutir la música en su momento actual, y al mismo tiempo, el legado de la cantautora que perdura hasta el día de hoy y la innegable herencia que con su obra ha dejado.

Durante la semana, todas las actividades tuvieron como centro a Parra, pero también a la música en el puerto. Ambas cosas se fusionaron, tanto con los mismos shows de siempre, como con nuevas iniciativas. Un ejemplo es el Guaguódromo de la ex Cárcel – actual Parque Cultural de Valparaíso -, un evento diferente para el público infantil, y donde los padres pueden compartir con sus hijos.

Fotografía: Ritoque FM.

Las convocatorias principales sin duda se dieron el fin de semana, y claramente con su punto cúlmine el día domingo, cuando las legendarias bandas que daban la cuota de potencia y solemnidad se subieron al escenario, instalado en el corazón de Valparaíso. Todas las personas volviendo a sentir esa emoción, esa alternativa simbología del hogar que en la provincia de Valparaíso se tiene: estar en la calle, compartiendo arte, compartiendo cultura e ideas, y la pasión que produce la música. Mientras en un país lejano, millones contemplaban atónitos la final del SuperBowl (y también algunos compatriotas), al “sur del sur”, entre cerros y mar otro gran evento hipnotizaba de igual o mayor manera –y a menos gente- con la  misma fuerza.

En esta versión 2017, las Escuelas de Rock cumplió su propósito. Pero es algo que se da espontáneo, el conjunto y perfecto ensamblaje entre las bandas, los músicos y el público. En un tiempo en que social y políticamente Valparaíso se ve distinto, cambiando, volviendo a sus raíces – para mejor -, es de un gran simbolismo que este evento, el más grande quizás de índole cultural, vuelva a unir corazones en torno a la creación artística. Y todos pusieron su granito de arena, desde el artista más nuevo, hasta aquellos que ya llevan generaciones en esto. Porque este Rockódromo 2017 marcó un retorno a esa esencia, a ese propósito, y a esa fusión única de descubrimiento y nostalgia que se logra en una única semana al año.

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