Falta de Alma

Es difícil no lograr identificarse, al tener siquiera un mínimo de conciencia política y social, con las palabras que Vicente Huidobro plasma en su Balance Patriótico. Ya dentro de pocos años se habrá cumplido un siglo desde la escritura de este manifiesto. Sin embargo, parece un retrato idéntico de muchas de las situaciones que se ven aún en la sociedad actual.

Huidobro, como muchos de chilenos, ama a su pueblo. Y es en aquello donde se refugia su intención crítica: decir la verdad sobre Chile es la manera de expresar que lo ama. Que no tiene pudor, pues quiere ver una mejor nación, con mejores personas, ya que lo único que él puede ver es que, al final de los buenos deseos y palabras, “No somos nada”.

vicente-huidobro-en-la-edicion-de-altazor-de-pun%cc%83o-y-letra-mjsjhengzuwp8mun4amm2eawd3pepeaummmhs8hbpk

No somos nada porque se carece de un líder, de una identidad, de un “sentido de alma nacional”. Por eso es tan fácil llegar y llevar en nuestro país. Implantar, no sólo industrias para que extranjeros exploten su economía, sin dejar un peso al pueblo; sino también ideologías, tendencias, maneras. Una costumbre que aún se mantiene hoy en día, haciendo de este país, el nuestro, uno que mezcla la posible pizca de originalidad que nos queda, con todos los elementos que podamos copiar.

Es un país donde se vende conciencia, se compra conciencia”, y sigue siendo así. Si muchos de quienes hoy protestan, tanto en sus casas como en la calle, por todo lo que nos aqueja como nación, podría ver que el problema no es reciente, ni es de la dictadura, ni de unos años antes. Parece venir desde mucho antes, quizás desde el nacimiento de este estrecho y largo espacio geográfico al que pertenecemos.

6a00d8341bfb1653ef015435e3cce5970c
Marcha en Santiago de Chile.

Y esto, tal como explica Huidobro, no es sólo culpa de quienes viajan y llegan a esta tierra para hacer de las suyas. Es también nuestra culpa: de la Justicia, de los políticos, incluso de todos los pobladores, o al menos eso cree él. Es que esta falta de alma de nuestro país nos obliga a decir que sí, a seguir sonriendo y abrir la puerta al extranjero, sin pensar en las consecuencias que eso tendrá en el propio Estado. Al fin y al cabo, quizás por la misma crítica que tienen algunos ante este modelo, nos quedamos inmóviles.

Hace cien años faltaba alguien, o algo, que ayudara a dar guía, a dar impulso, a encender el ardor de las almas de los millones de chilenos que vivimos juntos, o algunos fuera del territorio. Y todavía falta. Todavía está esta “Justicia de Chile que haría reír sino hiciera llorar”, todavía existen los viejos políticos que no dejan avanzar, todavía, muchos de nosotros, somos parte del “pueblo satisfecho con su insignificancia”.

000334569w

Hay muchos que han muerto desde que se escribió este texto, pero han vuelto a nacer, disfrazados de nuevas ideas y nuevos aires, personas e instituciones, entidades y organizaciones, que siguen forjando la piedra de tope que no nos permite avanzar. No a un futuro privilegiado y próspero, con una economía ejemplar, o quién sabe. No nos permiten avanzar a una identidad real, más allá de la que se vende alegremente para el 18 de septiembre, o para cada triunfo de “La Roja”.

Falta alma, hace un siglo faltaba alma, y aún esperamos algunos, atentos, a que se levante un mesías o un movimiento que nos sacuda de esta tranquilidad.

Submit a comment